FOTOTERAPIA

26 diciembre, 2006 guay44

Fototerapia
El tratamiento con luz artificial ayuda a combatir la depresión mediante lámparas fluorescentes que simulan la luz del sol

La depresión puede estar relacionada con el descenso de las horas de luz. Estaciones como el otoño o el invierno, en las que las noches son más largas y los días más cortos, favorecen un estado de ánimo bajo, como consecuencia de una mayor producción de melatonina u hormona del sueño. Esta enfermedad, denominada Trastorno Afectivo Estacional y que afecta al 20% de la población, puede combatirse con medicamentos antidepresivos, psicoterapia y una técnica, aún novedosa en España, llamada fototerapia. El objetivo es exponer al paciente cada día a la acción de una luz artificial fluorescente, que simula la luminosidad de un día soleado y aumenta la producción de serotonina, la hormona de la actividad. El tratamiento puede realizarse en la consulta del psicólogo o en el propio hogar, puesto que estas lámparas son de venta libre, pero conviene contar con el asesoramiento médico y recordar que, pese a los buenos resultados, nada sustituye a la luz del sol.

AZUCENA GARCÍA
16 de mayo de 2006

Beneficios
En otoño e invierno las horas de luz natural disminuyen considerablemente y se incrementan los casos de depresión. Se calcula que un 20% de la población experimenta este decaimiento del ánimo, conocido como Trastorno Afectivo Estacional (TAE), y que afecta de un modo severo a un tercio de ese porcentaje y de una forma más leve a los dos tercios restantes. El TAE se caracteriza, además de por la depresión, por una gran irritabilidad, pérdida de energía, estrés, cefaleas, aumento del sueño, aumento del apetito y, en consecuencia, incremento del peso. Esta patología influye en los sistemas endocrino, nervioso e inmune del ser humano y se da, sobre todo, en mujeres de 20 a 30 años y en países nórdicos, como Finlandia o Noruega, con inviernos prolongados. En estos países las tasas de suicidios son más elevadas.

Psiquiatras y psicólogos, encargados del tratamiento de estos pacientes, recurren a los antidepresivos y a la psicoterapia (terapia de conversación) para aliviar y curar la enfermedad, pero, desde hace poco más de cuatro años, utilizan también la fototerapia, una técnica que se basa en la exposición del paciente a una luz artificial blanca y brillante, que simula la natural y que consigue, según el arquitecto gerente de JCC Gabinete de Calidad Ambiental, Carlos M. Requejo, «una poderosa influencia en los neurotransmisores cerebrales que modifica la atención, el humor y el comportamiento, altera la salud humana y afecta al rendimiento laboral». «Habitualmente», asegura el experto, durante el invierno pasamos hasta el 80% del tiempo en entornos cerrados debido al frío y a la escasez de luz «con lo que nos deprimimos y rehuimos cada vez más el salir al exterior».

El objetivo de la fototerapia es hacer creer al organismo que es de día y estimular, por lo tanto, la producción de neurotransmisores cerebrales como la serotonina (hormona de la actividad) y la dopamina (hormona de la atención), en detrimento de la melatonina (hormona del sueño), que además provoca un descenso de la temperatura corporal y cuya producción aumenta con la oscuridad.

Según un informe de los expertos en luminoterapia Carlos Sierra, Josep Masbernat y Cristina Camps «la luz o la oscuridad informan al cerebro para que segregue o deje de liberar las hormonas responsables del funcionamiento del organismo». Una de las más importantes es la melatonina, que se libera entre las nueve de la noche y las ocho de la mañana. Por consiguiente, la ausencia de luz puede prolongar la secreción de esta hormona, lo que disminuye la temperatura corporal y obliga a compensar esta situación con la ingesta de calorías, ya sean dulces o carbohidratos. «Al aumentar la melatonina, disminuye la serotonina en el cerebro, y con la reducción del nivel de este neurotransmisor se llega a la depresión. En personas predispuestas bastan dos semanas de insuficiencia de luz para alcanzar este estado depresivo», añade el informe.

Aunque nada sustituye al sol, tal y como recuerda Requejo, la luminoterapia está difundida y muy popularizada, sobre todo en los países nórdicos, donde la ausencia de luz solar es frecuente y «donde está demostrado que los pacientes depresivos experimentan mejoría bajo el influjo de las lámparas», asevera el psicólogo clínico y especialista en fototerapia Xavier Conesa, del Centro Psicológico y de Especialidades de Mollet. Para éste, la terapia lumínica «es eficaz» en el tratamiento de la depresión estacional, aunque apunta que en la actualidad también se investiga su utilidad en la enfermedad bipolar, la bulimia o el jet lag, trastornos que alteran el reloj interno del cuerpo. «Se trata de normalizar la producción de neurotransmisores sin recurrir a sustancias químicas, con un tratamiento que puede iniciarse en otoño e invierno y prolongarse hasta la llegada de la primavera», cuando los días comienzan a ser más largos. No obstante, añade, «hay que recordar que la mejor terapia es disfrutar de la luz natural y de paseos al aire libre, e intentar practicar ejercicio en un entorno abierto y en contacto con la naturaleza».


Funcionamiento
El nivel de luminosidad del sol en verano es de 150.000 lux (unidad de intensidad luminosa) y de unos 500 lux en invierno. Por debajo de los 2.000 lux, las personas más sensibles experimentan cambios de humor, por lo que la fototerapia recurre a lámparas fluorescentes con una luminosidad entre 2.500 y 10.000 lux. Lo más adecuado es comenzar el tratamiento con lámparas de menor intensidad e ir incrementándola progresivamente, a la vez que se aumenta el tiempo de exposición. Xavier Conesa explica que las lámparas empleadas eliminan la fatiga visual porque las bombillas evitan el parpadeo luminoso. De venta libre, se pueden comprar de pie o tipo flexo y su precio ronda los 400 euros, aunque lo recomendable es que sea un médico quien determine la necesidad de su uso y realice las primeras sesiones en una consulta.

En el caso de la terapia en consulta, según Conesa, la exposición a la lámpara se realiza a la vez que la psicoterapia, «una vez por semana y durante una sesión de una hora». «Los resultados son inmediatos», asegura. «El paciente nota el cambio anímico cuando sale de la sesión, aunque esta sensación se va perdiendo con el paso de los días, hasta que vuelve a exponerse a una sesión de luminoterapia, que le anima de nuevo».

Cuando se opta por el uso doméstico de estos aparatos, se aconseja realizar el tratamiento a primera hora de la mañana, con sesiones de 10 a 15 minutos (según el grado de enfermedad del paciente) e incrementar este tiempo hasta los 30 ó 45 minutos. Así, progresivamente, se puede llegar a un máximo de una hora diaria de exposición frente a la lámpara, que emite una luz blanca fluorescente muy viva y que está cubierta por una pantalla que evita la emisión de rayos ultravioleta. «Una sesión equivale a permanecer a la luz del día durante una jornada soleada de primavera», señalan Sierra, Masbernat y Camps.

Durante la exposición, el paciente debe sentarse delante de la lámpara a unos 35 centímetros, sin mirar directamente a la luz y realizar otra actividad, como la lectura, a la vez que recibe el tratamiento. Conesa describe el tratamiento en cuatro pasos:

  • El organismo capta la luz a través de los fotorreceptores de la retina del ojo.
  • El estímulo lumínico genera señales eléctricas que atraviesan el nervio óptico.
  • La señal viaja desde la mitad del cerebro hasta el hipotálamo y el núcleo supraquiasmático.
  • El estímulo propicia una serie de cambios químicos: se libera más cantidad de serotonina (neurotransmisor), que provoca sensación de bienestar, y se suprime la secreción de melatonina, hormona encargada de controlar la duración y el ritmo del sueño.

A través del nervio óptico, los impulsos lumínicos llegan a la glándula pineal y producen la secreción o la normalización de los neurotransmisores, «el mismo efecto que produciría la psicofarmacología y que, también a la larga, produciría el tratamiento psicológico, porque en realidad los cambios anímicos tienen que ver con los neurotransmisores», apunta Conesa. «El objetivo es regular los niveles de serotonina», agrega. Para conseguir este objetivo hay varios caminos, entre los cuales «el más inmediato y directo» es el uso de antidepresivos, a pesar de que se ha demostrado que la fototerapia es una herramienta «muy útil».


Efectos secundarios
El hecho de que las lámparas se vendan libremente en el mercado supone una ventaja para el paciente, ya que puede realizar el tratamiento en el hogar o en la oficina sin necesidad de acudir cada día a la consulta del médico. No obstante, hay que tener en cuenta que, antes de comprar una de estas lámparas, se debe constatar que está homologada, dirigida a paliar los efectos de la depresión y que cuenta con una pantalla que filtra la luz ultravioleta. Asimismo, tampoco se debe abusar del tiempo de exposición, ya que, si se hace, se pueden producir lesiones en la retina, dolores de cabeza, fatiga, irritabilidad excesiva, hiperactividad, optimismo exagerado o disminución del sueño. Aunque estos síntomas tienden a desaparecer en unos días, es aconsejable acudir al médico cuando aparezcan, antes de continuar con el tratamiento.

En cuanto al horario, no es recomendable realizar el tratamiento a última hora de la tarde o durante la noche, puesto que puede producir insomnio o dificultad para conciliar el sueño. En el caso de los niños, el abuso de la luminoterapia podría desencadenar crisis epilépticas, aunque, según Conesa, cuando esto se produce, suele tratarse de niños que tienen una epilepsia latente, a los que la luminoterapia favorece o acelera la aparición de un brote. «Esto tampoco quiere decir que la fototerapia esté contraindicada en los niños», agrega el psicólogo, para recordar que la Asociación Americana de Psiquiatría defendió en un reciente informe la importancia de la terapia lumínica para aliviar los síntomas de la depresión a cualquier edad.

Por último, para aliviar los síntomas del TAE no se deben utilizar camas o cabinas como las que se emplean para broncear la piel. Para que la fototerapia surja efecto, la luz debe llegar a través de los ojos, no de la piel. En este sentido, se debe consultar al médico previamente si se padece algún trastorno en los ojos que los haga vulnerables a la acción de la luz.

Un consejo más: que el padre o la madre padezcan depresión estacional no significa que su hijo la tenga también. Con respecto a la depresión «existe una predisposición, que no estalla ni aparece a no ser que los condicionantes ambientales lo posibiliten», manifiesta Conesa. «No necesariamente un hijo de depresivos está condenado a tener depresión, pero el potencial genético está ahí», concluye.

 

 

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Entry Filed under: Salud y bienestar

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